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Diputados PD en el exterior: jus sanguinis y jus soli, dos elementos de fuerza para el país

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ROMA 26 de junio de 2017

El Presidente del Senado, Pietro Grasso, con motivo de una reunión dedicada a las Editoriales sobre la mafia, al ser interrogado sobre el reconocimiento del jus soli para beneficio de los niños nacidos de extranjeros que residen legalmente en Italia y que hablan nuestro idioma y nuestros dialectos, concluyó diciendo que deben ser considerados italianos, tal vez más que muchos italianos en el extranjero que votan en las elecciones y tal vez ni siquiera conocen nuestro país.

Somos conscientes del carácter no-polémico, pero intensificador de este argumento, pronunciado en un lugar no institucional y de manera extemporánea, pero consideramos que es igualmente inadecuado e incorrecto. Por una cantidad de razones.

En primer lugar, el Presidente del Senado detenta el segundo cargo más alto del estado y sabe que sus palabras, en cualquier contexto que se hablen, tienen una resonancia y un peso que va más allá de lo que puede esperarse de cualquier interlocutor político.

En segundo lugar, el Senado está luchando en estos días con la medida en cuestión, objeto de un furioso fuego de impedimento por parte de importantes fuerzas políticas, que con el fin de obstaculizar el camino no dudan en recurrir a argumentos y matices xenófobos. Una medida que por estrategias procesales se ha querido distinguir de las cuestiones de ciudadanía en relación a los italianos en el extranjero, otro tanto objetivas y urgentes. Poner como alternativas las dos líneas de intervención normativas es un acto no sólo poco generoso, sino penalizador de los esfuerzos que el mismo Senado está realizando para llegar a una conclusión positiva sobre el tema de los italianos en el extranjero.

En tercer lugar, un jurista reconocido como Grasso no puede pasar por alto que el reconocimiento de los derechos de ciudadanía reconocidos a algunos, no se puede pagar poniendo en tela de juicio a los demás. En todo caso, el verdadero problema es encontrar maneras innovadoras de equilibrio entre el jus soli y jus sanguinis, como parte de una trayectoria más general de la expansión y consolidación de los derechos de ciudadanía, que tiene en cuenta los procesos irreversibles de la globalización que operan desde hace tiempo.

El presidente Grasso, tampoco puede ignorar que, sobre el voto en el exterior, en vísperas de cada fecha electoral, se desarrolla una campaña de difamación áspera y frontal contra este instituto, que además de poner en peligro la eficacia de un derecho, coaliciona de frente con la Constitución, en la que se inserta la circunscripción exterior. Los cinco millones de italianos en el extranjero ¿de quién tienen que esperar la defensa de la Constitución sino del Presidente del Senado?

Una última razón, no menos amarga, para la reflexión viene en términos de las estrategias de crecimiento del país. La crisis de los últimos años ha demostrado, incluso si hubiese sido necesario, que Italia puede encontrar la forma de salir de las dificultades y su desarrollo con solo multiplicar y consolidar sus posiciones a nivel mundial. Esta es la verdadera lección del Made in Italy.

Un uso equilibrado, sinérgico y orientado al futuro tanto del jus sanguinis a jus soli que nos puede ayudar con eficacia para constituir una extraordinaria red de relaciones en el mundo, puede ser el verdadero valor agregado de un país como el nuestro. Siempre que haya una clase dirigente abierta a estos retos y capaz de moverse realmente en esta dirección.

Los diputados del Partido Democrático por el Exterior: Farina, Fedi, Garavini, La Marca, Porta y Tacconi

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